Con una tasa de paro superior al 30%, sueldos congelados o
recortados, una contracción económica que dura ya más de cuatro años,
unos precios que no dejan de subir y el grifo del crédito cerrado, es
fácil imaginar que la clase media atraviesa graves apuros en Málaga. De
hecho, las estadísticas alertan de que este colectivo, considerado el
pilar fundamental de una sociedad desarrollada, se está viendo mermado
al verse expulsados muchos de sus miembros hacia el escalón inferior de
la pirámide socioeconómica. Algunos datos que dan idea de lo que ocurre:
el 22% de la población malagueña vive ya por debajo del umbral de la
pobreza, más de la mitad de los trabajadores de la provincia cobran
menos de mil euros al mes y el salario medio encadena dos años de caída
consecutiva, estando situado en 16.199 euros brutos anuales (3.000 euros
menos de la media española).
Pero la puntilla en este proceso de empobrecimiento de la
clase media la están poniendo las políticas de ajuste. La combinación
de recortes en gasto público y subidas de impuestos se está cebando con
el ciudadano de a pie: ése que cobra un sueldo o una pensión que no
puede esconder a Hacienda (a diferencia de las grandes fortunas); cuyos
ingresos le dan para consumir pero no para ahorrar (con lo que no puede
compensar la inflación) y que hace uso de los servicios públicos (que
ahora se encarecen).
«La clase media es la que ha soportado de forma más
intensa, cuantitativa y cualitativamente, la factura de la crisis»,
afirma el secretario general del sindicato de técnicos de Hacienda
(Gestha), José María Mollinedo. Y es que casi todas las medidas
adoptadas por los gobiernos central y andaluz para sanear las cuentas
inciden en las economías domésticas: subidas de impuestos directos (IRPF
e IBI) e indirectos (IVA e hidrocarburos), recorte de sueldos de
funcionarios, congelación de las pensiones, aumento de las tasas
universitarias, reforma laboral y copago de medicamentos. «El aumento de
la presión fiscal está afectando más a la clase media. Además, hay una
clara penalización del funcionariado, que se encuadra en sus filas»,
resume el profesor Antonio García Lizana, del departamento de Política
Económica de la Universidad de Málaga.